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Piedra

Una piedra roja en medio de la nada se piensa a sí misma. En un tiempo cualquiera se quiebra en dos. Al verse separada, la roca pensante intenta insistentemente fusionarse de nuevo. Concentra energía para atraer a sus piezas. Pero no lo logra. Las partes chocan una y otra vez. En cada choque producen agua, aire, tierra, fuego, madera… cada encuentro una cosa… y así, lo que en un principio era una piedra, que luego se separó, y que posteriormente a fuerza de intentos por volver a unirse produjo involuntariamente las cosas, terminó por desgastarse. Llegado el momento de no ser más que un grano de arena -de un grano de arena- de la piedra roja primigenia, justo antes de su último golpe, se dio cuenta de que más que juntarse se estaba dividiendo. No obstante el último choque es inevitable.

Lago

La vida amoral, les lleva a donde no quieren ir y les ataca. Los empapa y los alimenta, esta adentro y afuera de ellos, en las venas. Un lago, cualquier lago no tiene forma, o mejor, tiene la forma que cada uno le da. La piedra podría insertarse hasta las profundidades más recónditas del lago, en tanto que el árbol irremediablemente estaría condenado a conocer la superficie. El lago es la vida.

Árbol

En algún tiempo, en algún lugar, una semilla de un árbol se encuentra en la cuarteadura de una roca ubicada muy cerca de un lago, y germina. El germen comienza su crecimiento, pero a los pocos días se siente aprisionado y asfixiado por la roca. Trata de forzar la hendidura para insertar en ella sus raíces y afianzarse mejor, pero no lo logra. Un día cae una tormenta, desprende al pequeño árbol de la roca y lo arroja, no muy lejos de la piedra, a tierra fértil. El árbol se afianza mejor al suelo. Por sus venas fluye el limo, limento y alimento que le provee el lago. Inserta profundo sus raíces para alimentarse de la tierra y absorbe la energía solar. Crece incontrolable.

Por dentro, el árbol es todo Vibración, capta la energía del sol, el espíritu de las cosas, la música del mundo y baila, se mueve aún sin viento y rompe las barreras del tiempo. Es un árbol pensante y sus pensamientos son relámpagos que lo conforman, delinean y delimitan. Su actividad interna es enorme. Cúmulos de pensamientos le golpean en todas direcciones, pero su corteza es fuerte y logra contenerlos, los pensamientos no logran salir, pero son tal cantidad que incontenibles se despliegan interiormente; exteriormente esta actividad se manifiesta en las ramificaciones que agrandan y despliegan al árbol.

El árbol tiene un instinto maternal, es protector abrasa, da cobijo y protección a todo el que se le acerca. Sin embargo su instinto, como todo instinto, es incontrolable, a tal grado que sin querer, acapara y devora la actividad interna de quien se le acerca. El árbol es una sombra que se despliega, cubre y nubla a todo lo que se le acerca, además, en su despliegue incontrolable, lenta y constantemente va cubriendo al mundo.