Mostrando las entradas con la etiqueta Jasper y Eugenia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jasper y Eugenia. Mostrar todas las entradas

Jasper y Eugenia

A Jasper le llega reptando un pensamiento, una idea: El placer. Hace esfuerzos y cierra los ojos para controlar el artefacto de mármol que conecta su vientre con el exterior. La jabalina atraviesa sus límites. Puja, contrae y expande su estomago. Tiene toda su sangre en la cabeza; sus puños están a punto de reventar en mil cometas; gotas de lava resbalan por su rostro, su lengua se retuerce, enajenada recorre sus labios y regresa impregnada de sal líquida a su escondite. Absorto en su delirante placer, no siquiera escucha el chapoteo del agua, ni los pasos de Eugenia al llegar a su lado.

Eugenia pesca con una lanza en la orilla del lago, escucha un ruido a su espalda, se da vuelta y avienta la lanza. Clava a Jasper. Él no entiende lo que sucede. Ve como de Eugenia acerca el rostro a su rostro y como este se va difuminando hasta desaparecer. El cuerpo de Jasper palpita y se convulsiona, está inerme en la oscuridad. Ella lo acaricia. Jasper se estremece, el dolor y el placer se mezclan, sus ojos desprenden lagrimas. Eugenia, saca un tubo de ensayo y contiene las lágrimas de Jasper y luego con toda calma lo abrasa, lo acaricia y le besa las mejillas.

Eugenia ama a Jasper, pero lo ama tanto que es capaz de devorarlo. Jasper se da cuenta de que su libertad es invadida por Eugenia y en el acto estratégico piensa optar por la retirada. Eugenia se da cuenta de las intenciones de Jasper y comienza a maquinar un plan para cautivarlo. Por muchos días ambos se evitan. Hasta que un día Jasper desaparece.

El acto de retirada es la base de la estética sundeana fundada por Jasper: el artista que se hunde después de su obra, el artista que aparentemente desprecia al mundo de la vida. Jasper es un volcán que igual que el volcán de Krakatoa, en el sudeste asiático, se hunde a voluntad y cíclicamente.